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Nunca supiste de castillos de arena.

Y el tiempo no se detiene, nos atraviesa cual flecha y el mundo no para de girar. La vida siempre avanza, los que nos quedamos somos nosotros, pero el vendaval hizo que no pudieras sujetarte del sutil viento matutino en pleno alba. Ya no pudiste levantar vuelo, ni sentir la adrenalina de las alturas, fueron eternas tus alas y un recuerdo es tu sueño.

Instante efímeramente breve, un eterno abrir y cerrar de ojos, ¿cuántas veces despertaste sin saber quien sos?
Peregrino de caminos intangibles, con baldosas de sueños rotos y charcos de lluvias hecha de lagrimas de ángeles. ¿Qué nos queda cuando nada parece ser lo que es?

Inmensos abismos de nada, el nunca y el siempre son uno en tu alma. Nunca supiste de castillos de arena.

Que pequeños somos ante la inmensidad de un mundo que nos recuerda su grandeza con tan solo una estrella.
Que frágil es nuestra existencia cuando un miedo se adueña de nosotros.
Qué humanos que somos cuando la muerte se hace presente.
No hubo nunca nada que te hiciera sentir mejor.

Si bien los días pasan y las noches se suceden siempre hay un minuto para detener el tiempo y mirarte al espejo, como buscando en tus ojos la respuesta a la pregunta de la vida.

Es curioso el comportamiento de un ser humano cuando lo dejas en el medio de una jauría de perros, pero es tan predecible como el flujo de agua cuando le trazas el camino e la tierra.

Disfruta de estas letras.


Las próximas no serán tan amables.

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Ojalá que lo que traiga no sean más que sonrisas de esas bonitas.  Ojalá que traiga sueños por cumplir y horizontes por cruzar.  Abismos para atravesar, de esos que miras hacia atrás y decir wow, pude.  Ojalá que traiga caminos por descubrir y pasadizos hacia nosotros mismos. Mil minutos de instantes alegres y algunitos tristes nomas como para acordarnos de que estamos vivos.  Muchos besos ricos y abrazos eternos. Aromas a pasto recién cortado y un sol naciendo una mañana de invierno. Una luna llena de verano en alguna terraza entre el ruido de la ciudad.  Un vaso siempre medio lleno y un suspiro de los q nos roban el aliento.  Una caricia de domingo a la mañana, un mate amargo bajo un árbol mirando como nada el agua de algún río.  Alguna canción de las que tatúan el alma, un poema de los que roban lagrimas. De las lindas y de las feas.  Muchas monedas al aire que decidan x nosotros.  Muchos charcos de día...

Buscando

Casi como sin querer caminamos hacia los sueños a cumplir sin que nos demos cuenta. Casi como sin querer, ahondamos en la profundidad del destino, aventurandonos por paisajes desconocidos, buscando senderos, esa intrinseca necesidad de caminar se hace carne en cada paso, en cada gota de sudor invertida al servicio de un futuro por venir. Dejamos huella en este caminar, para que otros más timidos y aún no decididos puedan tomarlas de ejemplo y se lancen en la gran búsqueda de uno mismo. Huellas que no borra el tiempo ni la muerte, huellas que quedan en el recuerdo colectivo de quien arriesga sin importar el resultado. Huellas que caminan eternamente y dejan de ser huellas para ser pasos infinitos. Perderme en el tiempo del silbido del viento, volar por las alturas impensadas de mi suerte, correr tan rápido como la luz. Todo tiene un momento y un lugar. Tenemos que seguir caminando. Ya vamos a llegar.

Efimeramente eterno.

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