No llores más, no llores, que esta vida es solo un viaje.
No busques huellas, que las huellas refieren al pasado, ya que siempre están detrás y no adelante. Y si delante de tus ojos hay huellas, es porque otros han caminado tu camino y estas andando sus pasos.
Él ya no está acá con vos, pero está en todos lados. El ya es viento, ya es luna y ya es sol. Ya es el amanecer más perfecto jamás creado y el ocaso más colorido en la historia del mundo.
Que la belleza eterna de su ser no sea olvidada, así como tampoco sus sonrisas y risas a carcajadas. Que el sonido de su voz no pase al recuerdo, sino que se convierta en la guía de tus pies.
No llores más, no llores, que esta vida es solo un viaje.
Todo punto de partido tiene un final, todo viaje que comienza debe terminar.
Y es que somos luz y somos sueños. Somos un poco más de lo que fuimos en vidas pasadas. Otros planos nos esperan, en otros oníricos pasadizos.
Tu sendero no será el más fácil, pero tampoco es imposible. Cuesta arriba y cantos rodados amenazan todo el tiempo con hacernos tambalear y es ahí cuando él esta tomándote la mano, como cuando tiempo atrás esbozabas una sonrisa cómplice al mismo tiempo que él hacía de vos un manojo de risas al aprender a caminar.
Cuando el corazón se rompe el mundo no se detiene. Los duendes del olvido procuran ganar terreno y hacernos entrar a las tierras del “no me acuerdo” para desterrarnos de quiénes somos y de donde venimos.
Quieren hacernos olvidar de canicas y de pavas, de insomnios curiosos y de miradas perdidas.
Quieren quitarnos los más bellos momentos jamás vividos. Aquellos por las cuales pensamos que nuestras sonrisas jamás serán iguales.
Habrá que armarse de paciencia y saberse humano. Que está bien llorar y está bien que duela. Que bajo ningún punto de vista hay que olvidar a nuestra gente querida que siguió su viaje.
Que siempre y a pesar de todo, nos quedan las miradas, las caricias, las inolvidables horas juntos. Su perfume, tan característico. Sus ideales, sus rayes y sus ideologías. Sus ganas de vivir la vida hasta que se apague el sol.
No llores más, no llores, que esta vida es solo un viaje.
Cuando lleguemos a destino, verás que estará esperándote para robarte las lágrimas y que nunca más llores por recordar a nadie. Es que confundimos lágrimas con sonrisas, el corazón es un poco tonto cuando le pregunta a la mente que debe recordar y somos tan lógicamente imperfectos, que nos quedamos con momentos duros y ácidos, en vez de recordar lo bello de nuestra existencia.
Seguí avanzando y no te detengas. Que este sendero no se transita solo. Si mirás tu bici, tiene rueditas, pedalea fuerte que no te vas a caer.
No te atrincheres. No te guardes detrás del árbol. Que afuera hay sol y las nubes dibujas siluetas en secreto para que nuestros ojos jueguen a que tienen 6 años de nuevo.
Este es el primer paso de una gran travesía.
No llores más, no llores, que esta vida es solo un viaje y está hecha de instantes tan efímeros como eternos y solo sobreviven al tiempo, aquellos que nuestro corazón recuerde a pesar de que nuestra mente olvide.
Adelante, siempre.
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