
Llueve por segundo día consecutivo.
El norte ya deja de ser un rumbo para convertirse en tan solo una palabra, serán las gotas que murmullan sonidos que nadie escucha y relampagos que iluminan efimeramente las baldosas mojadas de este abismo.
Un trueno anuncia que la tormenta llegó para quedarse y las nubes plomizas, tenuemente iluminadas por las luces de la ciudad, lloran su canción sincera, lavando el aire y mojando el pasto.
Charcos que furiosos salpican al paso de peatones apurados, escapando de la gota malintencionada que velozmente cae para deshacerse y no volver a ser jamás.
Misterios que abrazan el viento que silva su andar, que empuja las hojas de las copas de los arboles y va marcando su territorio ante ventanas semiabiertas de vecinos descuidados.
Vendaval, mezcla de sentimientos y de elementos. Rabia propia plasmada en un papel.
Nunca conocer fue tan dificil.
Nunca ser, fue tan complejo.
Una eternidad soñando este momento, para guardarme en la esquina oscura de la habitación.
Escondido.
Agazapado.
Esperando.
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