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Empezar a vivir.

Las cosas que no acompañan al paso del tiempo sucumben ante el peso de su propia existencia, como los sueños. Los sueños que no aprenden a volar en el primer intento suelen convertirse en pesadillas. Y ahí, dentro de esa extraña mezcla de ser o no ser, que estamos paraditos, solos. Mirando el futuro, a espaldas del pasado que susurra recuerdos y se cuela en cada mirada por la cerradura de todas nuestras puertas.

Los días se suceden de la mano del tiempo, soles y lunas que juegan a las escondidas en el firmamento por momentos diáfano y por instantes gris, llorando alguna que otra lluvia. La inercia nos empuja a vivir, nos empuja a ser quien se supone que seamos, sin preguntarnos quien queremos ser, en realidad. Las veredas nos miran en silencio, testigos inertes de nuestros pasos apurados, esquivando charcos de lluvias pasadas. Árboles que desprenden hojas, el otoño más presente que nunca.

Invertir energías en horizontes lejanos siempre es bueno si se sabe hacia dónde se camina.

Es caminando que nos damos cuenta que nuestra vida consiste en atar cabos. En unir historias. Y en ese atar y desatar es que vamos aprendiendo a que no todas las historias son iguales. No todas las puertas abren al mismo destino. No todos los caminos conducen a Roma. Siempre podemos torcer nuestra suerte. Siempre somos capaces de torcer nuestro destino, podemos elegir.

Si cada segundo que pasa es el último, si cada día que pasa no vuelve, ¿porqué estiramos tanto la decisión de comenzar a vivir tomando conciencia de ello?

Podemos elegir querernos un poco más. 

Podemos elegir dejar de sobrevivir, para comenzar a vivir.

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El futuro está vacío todavía.

Ojalá que lo que traiga no sean más que sonrisas de esas bonitas.  Ojalá que traiga sueños por cumplir y horizontes por cruzar.  Abismos para atravesar, de esos que miras hacia atrás y decir wow, pude.  Ojalá que traiga caminos por descubrir y pasadizos hacia nosotros mismos. Mil minutos de instantes alegres y algunitos tristes nomas como para acordarnos de que estamos vivos.  Muchos besos ricos y abrazos eternos. Aromas a pasto recién cortado y un sol naciendo una mañana de invierno. Una luna llena de verano en alguna terraza entre el ruido de la ciudad.  Un vaso siempre medio lleno y un suspiro de los q nos roban el aliento.  Una caricia de domingo a la mañana, un mate amargo bajo un árbol mirando como nada el agua de algún río.  Alguna canción de las que tatúan el alma, un poema de los que roban lagrimas. De las lindas y de las feas.  Muchas monedas al aire que decidan x nosotros.  Muchos charcos de día...

Buscando

Casi como sin querer caminamos hacia los sueños a cumplir sin que nos demos cuenta. Casi como sin querer, ahondamos en la profundidad del destino, aventurandonos por paisajes desconocidos, buscando senderos, esa intrinseca necesidad de caminar se hace carne en cada paso, en cada gota de sudor invertida al servicio de un futuro por venir. Dejamos huella en este caminar, para que otros más timidos y aún no decididos puedan tomarlas de ejemplo y se lancen en la gran búsqueda de uno mismo. Huellas que no borra el tiempo ni la muerte, huellas que quedan en el recuerdo colectivo de quien arriesga sin importar el resultado. Huellas que caminan eternamente y dejan de ser huellas para ser pasos infinitos. Perderme en el tiempo del silbido del viento, volar por las alturas impensadas de mi suerte, correr tan rápido como la luz. Todo tiene un momento y un lugar. Tenemos que seguir caminando. Ya vamos a llegar.

Efimeramente eterno.

No llores más, no llores, que esta vida es solo un viaje. No busques huellas, que las huellas refieren al pasado, ya que siempre están detrás y no adelante. Y si delante de tus ojos hay huellas, es porque otros han caminado tu camino y estas andando sus pasos. Él ya no está acá con vos, pero está en todos lados. El ya es viento, ya es luna y ya es sol. Ya es el amanecer más perfecto jamás creado y el ocaso más colorido en la historia del mundo. Que la belleza eterna de su ser no sea olvidada, así como tampoco sus sonrisas y risas a carcajadas. Que el sonido de su voz no pase al recuerdo, sino que se convierta en la guía de tus pies. No llores más, no llores, que esta vida es solo un viaje. Todo punto de partido tiene un final, todo viaje que comienza debe terminar. Y es que somos luz y somos sueños. Somos un poco más de lo que fuimos en vidas pasadas. Otros planos nos esperan, en otros oníricos pasadizos. Tu sendero no será el más fácil, pero tampoco es imposible. Cuesta arrib...