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Llueve.

Afuera llueve.

Afuera llueve y yo desde mi ventana, miro la lluvia caer.

Afuera llueve y veo como las veredas toman un color más borroso, menos intenso. Veo como las plantas reviven, respiran.

Veo como las gotas golpean sin piedad contra el farol colgado de un cable que atraviesa la calle y como al contacto con el metal que protege la lámpara las convierte en vapor en un instante.

Veo autos que pasan apurados, huyendo del agua. Colectivos que muestran a sus pasajeros con cara de preocupación por no haber tomado un paraguas antes de salir de casa, pero claro, quien iba a adivinar la lluvia?

Afuera llueve.

Afuera llueve y yo desde mi ventana veo la lluvia caer.

Los refusilos de los relámpagos iluminan brevemente el comedor de mi casa, y refleja mi sombra contra la pared. Es increíble como la sombra es la misma y sin embargo, de día se ve mucho más inocente.

Y de repente un trueno rompe con la perfecta quietud de la noche, con el murmullo incansable de la lluvia, ese suave susurro intangible que nos cuenta cosas al oído y nos hace reír o llorar.

Uno comienza a pensar en cosas que quizás no son las mejores, esto de la melancolía mezclado con lluvia no resulta un buen binomio y bueno, después de todo, las matemáticas no fueron ni serán mi fuerte.

Uno comienza a trasladar la cabeza a lugares en los que estuvo y momentos puntuales y sonreír..sonreír se hace algo complicado, pero no imposible.

Con alas mojadas es más difícil volar, por lo que me limito a recordar y no tratar de emprender ningún vuelo, ya que no tengo hacia donde volar. Para que volar si no tenemos destino?

Esta parando, pero sigue relampagueando.

La gente ya no pasa apurada corriendo por la calle, es tarde y todos duermen. Y la lluvia los acaricia con su manto etéreo de tranquilidad. Los acobija con su susurro callado.

El viento trae un refresco para el calor que hizo durante el día. Enfría no solo el cemento de estos gigantes, sino que también enfría mentes.

Enfría tanto que bajo la persiana y solo la luz de la pantalla ilumina el comedor. Y algún que otro relámpago.

Si cada gota fuera un sueño, que efímero que sería todo.

Afuera llueve.

Afuera llueve y yo desde mi ventana, miro la lluvia caer.

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