
Teodoro! – dijo la madre – Vení para adentro que te vas a mojar! – y la lluvia empezaba a ser poco gentil con los niños que estaban correteando en la vereda esa gris tarde de Agosto.
Ya voy mamá! Espera que estamos jugando a la escondida! – Devolvió el pequeño entre agitadas respiraciones por la ultima corrida para salvar a todos los compas.
Con 7 años recién cumplidos, sorteaba charcos desafiantes y se movía sigiloso como un ninja, buscando el mejor escondite, la mejor guarida en donde pudiera contemplar en silencio al que estuviera buscandolo. El horario de escuela ya había terminado, la leche esperaba enfriandose arriba de la mesa y un pan con manteca, de esos que solo sabe preparar una madre oficiaba de merienda.
Teodoro estaba nervioso. Todos los compas ya habían sido encontrados o no habían alcanzado la meta. Sabía que Jorgito, el mejor contador de la historia de la escondida estaba tras su rastro. A lo lejos, Jorgito comenzo con su arte, miraba la copa de los arboles, detrás de los autos abandonados, algún que otro zaguán tentador, pero ningún rastro que permitiera lograr el objetivo. Teodoro, trataba de controlar su respiración y su adrenalina, sabía que un paso en falso significaba no solo ser descubierto, sino que también perdería y no podría salvar a sus amigos. Fugazmente y desde la oscuridad de la entrada de un garage, su mirada y la de su cazador se cruzaron por un breve segundo lo que hizo que Teodoro cerrara los ojos y los apretase con fuerza, como si supiera que el desenlace se encontraba a la vista.
De repente, Jorge sospechó de esa entrada oscura de Garage, la contempló un instante y comenzo a avanzar en su dirección y Teodoro sentía como su pecho podía estallar de los latidos y de los nervios de ver a Jorgito caminar hacia él.
Comenzo a pensar que debía ser él quien tome la iniciativa y que si iba a ser descubierto, debería utilizar su velocidad al máximo y el factor sorpresa era determinante, quien diera el primer paso, tenía media carrera ganada.
Ya no había dudas: Jorgito sabía que en esa sombra, por detrás de la reja se encontraba su presa. Caminaba confiado y mediante su visión periferica no dejaba de vigilar aquel cantero que había sido descartado ni tampoco aquel árbol sospechoso. Teodoro seguía pensando, inmóvil, tenso, tratando de controlarse, debía esperar el momento justo, la oportunidad perfecta, el instante certero que permitiera que la lluvia que ahora caía con fuerza le jugara a favor y no en contra.
20 metros. 19. 18. – Me va a encontrar, me va a encontrar! Que hago?! Teodoro, tranquilo, tranquilo, vos sabes jugar y en la escuela siempre ganas. Pero acá es distinto, acá ES DISTINTO, esto es otro campo de batalla, otro tablero de ajedrez!!! – Pensaba y se hablaba a si mismo, tratando de controlar los nervios.
15 metros.
Teodoro saco de su bolsillo una medallita que la abuela Nilda le había dejado antes de irse al cielo y la apreto con fuerza, le dio un beso y arqueo sus cejas. Movió sus ojos rápidamente de un lado a otro, como dando un ultimo estudio al terreno. Respiraba hondo. Profundo y lento.
Jorgito estaba a 10 metros, solo unos pasos.
Se paró. Creyo ver algo en dirección hacia él. Siguió caminando, esta vez más lento.
Teodoro espero que estuviera justo pasando el cartel de prohibido estacionar, ese donde en el piso dejo las huellas de un árbol que talaron hace un tiempo.
Y cuando Jorgito lo paso, Teodoro tomo su último suspiro y aposto.
Corrió, corrió como nunca en su vida y sus pies buscaban el camino de no enredarse con sus cordones mal atados. Jorgito lo vió venir y se sorprendió con la actitud por lo que tardo en reaccionar. – Este quien se cree que es corriendo así de la nada? Ahora vas a ver, yo te voy a enseñar! - Y estaba todo dicho. La carrera era ahora a todo o nada y solo unos centimetros de ventaja hacian que fuera tan reñido como pudiera ser. Jorgito esquivaba los charcos, no quería mojarse más de lo que la lluvia estaba provocando o sino después había que tomar mucha sopa, cosa que no le hacia mucha gracia.
Teodoro sabía que debía ensuciarse si quería ganar, por lo que no dudo pisar en el barro de la vereda de la obra en construcción, ni mucho menos los charcos que salpicaban a quienes pasaban o simplemente observaban perplejos el desenlace de esta lucha encarnizada hacia la victoria.
Dale Teodoro! Dale Teo, dale corre! Corre! Salva a todos los compas! – Gritaba Joaquin, el menos rápido de todos. Y Teodoro corria, agitaba sus brazos y gritaba que se corran de su camino, en su puño la medallita le daba más impulso que nunca, mientras q de reojo miraba como Jorgito se venía acercando.
Últimos metros.
La lluvia ahora si, decidida a cortar con la diversión caia despiadada y hacía mucho frío en Paternal.
20 metros finales que parecían eternos, codo a codo y cara a cara con su cazador, la presa apenas sacaba una nariz de ventaja.
El mundo se detuvo, el aire no corria y la lluvia parecia no caer, todos los amiguitos que ya habían perdido miraban el infartante desenlace suceder en la vereda, agónicos gritos de aliento se convirtieron en un ensordecedor tumulto hasta de vecinos. Todos miraban contentos la definición de una escondida, bajo la lluvia de invierno, de dos pequeños.
PIEDRA LIBRE PARA TODOS LOS COMPA y la vereda estallo en algarabía, los chicos gritando, saltando de emoción abrazaban a Teodoro y le agradecían. Vecinas chusmas miraban por la ventana y sonreian ante tal acontecimiento.
Teodoro con las manos sobre sus rodillas, giro su cabeza y vió a Jorgito con las manos en su cintura, recuperando el aire y se dirigió hacia él.
Jorgito, bien eh – Dijo Teo – casi casi me agarras, capaz la próxima – y Jorgito sonrio y dijo – Si, capaz la próxima. Bien jugado che! – Un abrazo y un beso marcaron su despedida con una promesa de revancha, de esas revanchas con sonrisa, las que solo unos niños pueden dar.
Teodoro! Te dije que entres! Mira como llueve! Despues te vas a enfermar! Vení para acá que se enfria la leche! – Grito una vez más la madre.
Y Teodoro entró, sucio y mojado, lo que ocasiono que la madre estallara del enojo y le dijo - Pero mira como estas! Si te ve tu padre te mata! Que estabas haciendo Teo?! – Y Teo con su voz tenue dijo – Estaba ganando una escondida má – La madre, sonrio y le replico – Ay Teo Teo, bueh, te felicito. Sacate la ropa mojada, toma la leche dale y comete el pan. Después derechito a una ducha caliente. –
Teodoro tomo su leche y comió su merienda. Se ducho con agua caliente y después hizo la tarea.
Y se fue a dormir.
Esta historia es real. Salvo que Teodoro no se llama Teodoro y Jorgito no se llama Jorgito. Y tampoco estaban jugando a la escondida. Teodoro soy yo, sos vos, somos todos.
Y a veces la vida es un poco una escondida, hay que jugarla para saber lo que se siente y porque muchas veces nos escondemos ante cosas que son simplemente un juego y que en vez de escondernos, debemos enfrentar.
Hay que perder y hay que ganar, para saber que hacer en la próxima vez.
Y no se trata de esconderse, se trata de tomar decisiones. De salir a buscar. De dar sorpresa y batalla.
Y por sobre todas las cosas, de salvar a todos los compas que podamos, siempre y en todo momento.
Cuento yo ahora eh!
1, 2, 3, 4….
me encantó!!! me lo re imaginé como temática de un corto... sabelo q si un dia me decido a incursionar esas aguas de la dirección de cine y demás, me gustaría q este sea mi primer proyecto!!
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