Afuera llueve. Afuera llueve y yo desde mi ventana, miro la lluvia caer. Afuera llueve y veo como las veredas toman un color más borroso, menos intenso. Veo como las plantas reviven, respiran. Veo como las gotas golpean sin piedad contra el farol colgado de un cable que atraviesa la calle y como al contacto con el metal que protege la lámpara las convierte en vapor en un instante. Veo autos que pasan apurados, huyendo del agua. Colectivos que muestran a sus pasajeros con cara de preocupación por no haber tomado un paraguas antes de salir de casa, pero claro, quien iba a adivinar la lluvia? Afuera llueve. Afuera llueve y yo desde mi ventana veo la lluvia caer. Los refusilos de los relámpagos iluminan brevemente el comedor de mi casa, y refleja mi sombra contra la pared. Es increíble como la sombra es la misma y sin embargo, de día se ve mucho más inocente. Y de repente un trueno rompe con la perfecta quietud de la noche, con el murmullo incansable de la lluvia, ese suave...
¿Que harías si todo fuera para siempre?