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Mostrando entradas de enero, 2012

Llueve.

Afuera llueve. Afuera llueve y yo desde mi ventana, miro la lluvia caer. Afuera llueve y veo como las veredas toman un color más borroso, menos intenso. Veo como las plantas reviven, respiran. Veo como las gotas golpean sin piedad contra el farol colgado de un cable que atraviesa la calle y como al contacto con el metal que protege la lámpara las convierte en vapor en un instante. Veo autos que pasan apurados, huyendo del agua. Colectivos que muestran a sus pasajeros con cara de preocupación por no haber tomado un paraguas antes de salir de casa, pero claro, quien iba a adivinar la lluvia? Afuera llueve. Afuera llueve y yo desde mi ventana veo la lluvia caer. Los refusilos de los relámpagos iluminan brevemente el comedor de mi casa, y refleja mi sombra contra la pared. Es increíble como la sombra es la misma y sin embargo, de día se ve mucho más inocente. Y de repente un trueno rompe con la perfecta quietud de la noche, con el murmullo incansable de la lluvia, ese suave...

Un día más

Refrescó. Cerró la ventana y entró al baño a ducharse. Se vistió y se miro al espejo por última vez. Apago luces y cerró con llave. 2 vueltas. Caminó apurado dando pasos torpes de mocasin, mientras q los auriculares lo sacaban parcialmente de su realidad y un puñado de acordes perfectamente arpegiados hacían sonar una guitarra acústica, vibración armónica de cuerdas, fuerza transformada en sonido. En poesía. Pensó fugazmente en que su día no sería uno más y no supo el porque, nunca fue de comprender extrañas sensaciones premonitorias del destino. No justificaba nada de lo que pudiera pensar. El destino era solo una palabra para él. El colectivo iba semi lleno y el chófer tenía cara de pocos amigos. Así lo demostró el volantazo que hizo que todos se tambalearan peligrosamente. $1,25 y buscó un lugar que le permitiera acceder rápido a un asiento. Al fondo. Miraba veredas. Pensaba en la vida. En las decisiones que había tomado. En su presente incomprendido y en un incierto futuro. El sol ...

La escondida

Teodoro! – dijo la madre – Vení para adentro que te vas a mojar! – y la lluvia empezaba a ser poco gentil con los niños que estaban correteando en la vereda esa gris tarde de Agosto. Ya voy mamá! Espera que estamos jugando a la escondida! – Devolvió el pequeño entre agitadas respiraciones por la ultima corrida para salvar a todos los compas. Con 7 años recién cumplidos, sorteaba charcos desafiantes y se movía sigiloso como un ninja, buscando el mejor escondite, la mejor guarida en donde pudiera contemplar en silencio al que estuviera buscandolo. El horario de escuela ya había terminado, la leche esperaba enfriandose arriba de la mesa y un pan con manteca, de esos que solo sabe preparar una madre oficiaba de merienda. Teodoro estaba nervioso. Todos los compas ya habían sido encontrados o no habían alcanzado la meta. Sabía que Jorgito, el mejor contador de la historia de la escondida estaba tras su rastro. A lo lejos, Jorgito comenzo con su arte, miraba la copa de los arboles, detrás de ...

Inmutable.

Afuera el mundo se muere. Afuera el mundo sucumbe ante tanta melancolía. Y vos inmutable. Escuchas pasos que nunca llegan, no sabes si son pasos que van, que vienen o si son solo ruidos ahí afuera o en dentro de tu cabeza. Sombras que no reflejan más que tu propia existencia que se mira a si misma tratando de comprender su sentido en este camino, su misión en este mundo. El motivo de su ser. Suspiros delante de tus ojos que no sabes percibir, latir de un corazón enfermo y triste. Caminando hacia no sabes donde, más dormido que despierto, das un paso atrás de otro por el solo instinto de llegar. La ciudad amanece vacia por donde la veas, vacia de gente y vacia de todo. Afuera el mundo se muere. Afuera el mundo sucumbre ante tanta melancolía. Y vos inmutable.

Nunca supiste de castillos de arena.

Y el tiempo no se detiene, nos atraviesa cual flecha y el mundo no para de girar. La vida siempre avanza, los que nos quedamos somos nosotros, pero el vendaval hizo que no pudieras sujetarte del sutil viento matutino en pleno alba. Ya no pudiste levantar vuelo, ni sentir la adrenalina de las alturas, fueron eternas tus alas y un recuerdo es tu sueño. Instante efímeramente breve, un eterno abrir y cerrar de ojos, ¿cuántas veces despertaste sin saber quien sos? Peregrino de caminos intangibles, con baldosas de sueños rotos y charcos de lluvias hecha de lagrimas de ángeles. ¿Qué nos queda cuando nada parece ser lo que es? Inmensos abismos de nada, el nunca y el siempre son uno en tu alma. Nunca supiste de castillos de arena. Que pequeños somos ante la inmensidad de un mundo que nos recuerda su grandeza con tan solo una estrella. Que frágil es nuestra existencia cuando un miedo se adueña de nosotros. Qué humanos que somos cuando la muerte se hace presente. No hubo nunca nada que te hiciera...

Buscando cruces

Cambiando cruces, decía el Padre Menapace y uno lo leía con una mirada especial. Era un cuento que contaba como un mendigo siempre se quejaba de su suerte y una noche el mismísimo Dios lo llevo a un galpón y le hizo elegir su nueva cruz a llevar, le ofreció cambiar su suerte. El tipo busco y busco, miro y revisó para terminar eligiendo, sin saberlo, su misma cruz. Cual es la cruz que llevamos cada uno de nosotros? En que se basa nuestra suerte? Podemos confiar en ella? Incógnitas. Hoy, mirando por la ventana del colectivo, mirando como la ciudad se despierta. Imagine que bueno sería cambiar algunas cosas de la vida. Creo que todos tendríamos un par de cositas que necesitan un empujoncito o un cambio monumental. Y es ahí donde entiendo que no hay nada que haga que no influya en lo que soy y en lo que pienso. No hay ninguna guía de como conquistar horizontes, porque nosotros somos la conquista hecha carne y respiramos victoria, si estamos dispuestos a hacerlo. Escupo palabras en donde pu...

De lluvias y de letras

Hay momentos donde el ruido de la locura cotidiana del día a día no nos deja escuchar la voz que dentro nuestro trata de contarnos cómo anda todo y como está la brújula de nuestra vida. Es que a veces, uno no encuentra el norte, pierde el rumbo y las velas que izamos para aprovechar el viento terminan jugando en contra, alejándonos de nuestra realidad. Perdiéndonos de nosotros mismos. Y guiarse por las estrellas se hace tan difícil, que hasta a veces es mejor caminar en la oscuridad, agudizando los sentidos y pidiéndole a quien creamos, que no haya ningún obstáculo que nos haga caer. Esquivar piedras a veces es tan complicado, que más que aprender a esquivar, hay que aprender a levantarse cuando uno tropieza, cae y se lastima. Porque de caer he aprendido, que no hay caída que no duela, que no hay golpe que no deje marca y que no hay forma de olvidar el sentimiento a derrota que amargo, se cuela en nuestros labios. Y quizá, caer no sea tan malo cuando uno intenta el vuelo, per...