De repente me di cuenta que perdí la constelación que guia a mis pies en este caminar.
Siempre volviendo a buscar el camino hacia mi mismo, siempre revolviendo el baúl de las sorpresas, esta eterna caja de pandora que me sorprende día a día con su contenido.
Nunca nadie nos prepara para ciertas cosas que el destino nos tiene preparados.
A veces con la habitación a oscuras y con mi cabeza en la almohada, siento el viento susurrar en la ventana y la suave caricia de la luz de la luna se cuela en la persiana, iluminando de forma muy tenue el resto de la habitación. En esa paz, en ese pequeño
universo personal, en ese momento unico, privado e intimo, puedo pensar libremente, respirando al son de mis ideas, sintiendo el latido del corazón y el aire entrar y salir de mi alma.
En ese pequeño gran sentir, intento seguir el mapa de mis sueños, puedo preguntarme profundamente y contestarme como quiero, puedo dejarme volar para no aterrizar jamás. Puedo recordarme de pequeño, de cuando mis risas eran un puñado de ilusiones y cuando el mundo era tan grande como la imaginación, cuando el guardapolvo blanco era tan solo un disfraz para ir a la escuela de la calle, la que te enseña a no mirar atrás, a olvidar las penas cantando una canción en la penumbra de una via, a la luz de una botella.
Donde las penas no eran más que un cuento, donde la realidad era real.
Y es en ese ápice de silencio donde la locura y la cordura se encuentran donde me encuentro parado tratando de entender frases inconclusas, donde ya no me veo reflejado en el espejo de la realidad que alguna vez este destino me tuvo planeado, tan solo soy una pavesa apagandome del fuego que fuí una vez.
Es en ese instante, donde me doy cuenta que no tendré que recordar más que pasos en el tiempo, de estos pies inquietos, de estos sueños perdonados, de este ideal flotando en el futuro. Ya no tendré que revivir vidas pasadas, ni esperar por resurrecciones que me devuelvan aquel que fuí alguna vez.
Porque la vida avanza y el tiempo se rie de todos nosotros, porque no hay caminos que nos lleven al principio sin que ese principio sea final, porque no hay distancia entre el sonido de una lagrima y el aroma de una idea, porque ya no quedan excusas para intentar volar sin alas, porque las alas muchas veces se ganan en el vuelo.
Condenemos juntos al infame porvenir, encadenemos los pies del destino y tomemos la ruta hacia el infinito.
Volemos juntos a lo que nunca fuimos. Permitamos que nuestros sueños sean algo más que sueños.
Hagamos nuestros sueños realidad. No hay objetivo más noble.
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