¿En cuantas palabras podríamos lograr despedirnos de quien nunca más veremos?
En cuantas lagrimas podríamos sangrar el dolor del alma, que duele tan adentro en las entrañas, tan profundo que lastima.
Viento huracanado, invisible fuerza indeble que como estrella fugaz cruza el cielo de mi razón, acumulando pedidos de sueños y deseos, estrellandose en mi ser.
Haz de luz intenso, luz que trae sombras.
Miradas cruzadas con mi otro yo, mueca desdibujada del sol.
Quien olvida sus suspiros, nunca recuerda sus sonrisas.
Que triste que es olvidar sonreir y que triste es, olvidar.
Quien olvida para siempre, se destierra del tiempo y vaga por la eternidad en los desiertos del infortunio.
Quien olvida para siempre, ya no es más quien creyó ser, porque quien olvida, no solo se olvida de ser, sino que se olvida de los que son a su lado.
Plegaria sin fin, serás escuchada entre tanto murmullo universal?
Llegarás a los oídos de alguien, en el medio de este zumbido existencial?
Buena suerte.
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