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Plegaria


¿En cuantas palabras podríamos lograr despedirnos de quien nunca más veremos?

En cuantas lagrimas podríamos sangrar el dolor del alma, que duele tan adentro en las entrañas, tan profundo que lastima.

Viento huracanado, invisible fuerza indeble que como estrella fugaz cruza el cielo de mi razón, acumulando pedidos de sueños y deseos, estrellandose en mi ser.

Haz de luz intenso, luz que trae sombras. 

Miradas cruzadas con mi otro yo, mueca desdibujada del sol.

Quien olvida sus suspiros, nunca recuerda sus sonrisas.

Que triste que es olvidar sonreir y que triste es, olvidar.

Quien olvida para siempre, se destierra del tiempo y vaga por la eternidad en los desiertos del infortunio.

Quien olvida para siempre, ya no es más quien creyó ser, porque quien olvida, no solo se olvida de ser, sino que se olvida de los que son a su lado.

Plegaria sin fin, serás escuchada entre tanto murmullo universal?

Llegarás a los oídos de alguien, en el medio de este zumbido existencial?

Buena suerte.

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Ojalá que lo que traiga no sean más que sonrisas de esas bonitas.  Ojalá que traiga sueños por cumplir y horizontes por cruzar.  Abismos para atravesar, de esos que miras hacia atrás y decir wow, pude.  Ojalá que traiga caminos por descubrir y pasadizos hacia nosotros mismos. Mil minutos de instantes alegres y algunitos tristes nomas como para acordarnos de que estamos vivos.  Muchos besos ricos y abrazos eternos. Aromas a pasto recién cortado y un sol naciendo una mañana de invierno. Una luna llena de verano en alguna terraza entre el ruido de la ciudad.  Un vaso siempre medio lleno y un suspiro de los q nos roban el aliento.  Una caricia de domingo a la mañana, un mate amargo bajo un árbol mirando como nada el agua de algún río.  Alguna canción de las que tatúan el alma, un poema de los que roban lagrimas. De las lindas y de las feas.  Muchas monedas al aire que decidan x nosotros.  Muchos charcos de día...

Buscando

Casi como sin querer caminamos hacia los sueños a cumplir sin que nos demos cuenta. Casi como sin querer, ahondamos en la profundidad del destino, aventurandonos por paisajes desconocidos, buscando senderos, esa intrinseca necesidad de caminar se hace carne en cada paso, en cada gota de sudor invertida al servicio de un futuro por venir. Dejamos huella en este caminar, para que otros más timidos y aún no decididos puedan tomarlas de ejemplo y se lancen en la gran búsqueda de uno mismo. Huellas que no borra el tiempo ni la muerte, huellas que quedan en el recuerdo colectivo de quien arriesga sin importar el resultado. Huellas que caminan eternamente y dejan de ser huellas para ser pasos infinitos. Perderme en el tiempo del silbido del viento, volar por las alturas impensadas de mi suerte, correr tan rápido como la luz. Todo tiene un momento y un lugar. Tenemos que seguir caminando. Ya vamos a llegar.

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