Vivimos pensando en lo que fuimos, somos y seremos.
Vivimos muriendo de a poco, lentamente, por más que lo neguemos.
Vivimos caminando, paso a paso y por mil caminos, por pasadizos que nos conducen hacia otras realidades.
Vivimos soñando sueños, dormimos viviendo vidas y a veces no sabemos distinguir si estamos soñando o si es la realidad la que nos hace soñar despiertos.
Vivimos esperando encontrar la llave de una puerta, el mapa de un tesoro, el abrazo más cálido, el beso mágico, la mirada perfecta.
Vivimos tratando de entender lo incomprensible. No todo tiene una explicación en la vida.
Vivimos tratando de medir lo incomensurable, de dimensionar lo inimaginable.
Vivimos esperando encontrar razones que justifiquen el hecho de estar vivos, el hecho de respirar.
Vivimos con la esperanza de volver a ver a los que ya no están, cuando en realidad nunca se fueron.
Vivimos tan apurados que nos perdemos de nosotros mismos.
Vivimos buscando incansablemente el camino de regreso a nosotros mismos.
Vivimos naciendo y muriendo a cada paso. El nunca jamás hecho ahora y siempre.
Vivimos queriendo ser lo que sabemos que no seremos.
A veces vivimos tanto, que nos olvidamos de vivir.
Somos un puñado de vida.
Vivamos.
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