Un acorde que cuerda a cuerda llora su melancolía, una pluma que dibuja sobre las fibras de un papel su tinta que verborragica, quiere relatar lo indescriptible, sentimientos para los cuales todavía la palabra no ha sido inventada.
Y es quizás, en ese momento de soledad, de introspección y de reflexión donde vienen a la mente imagenes de este año que se ha pasado con la velocidad de una estrella fugaz, momentos donde mi mente ha estado lejos de mi y donde mi corazón no ha sabido muy bien hacer su labor. Este año la sabiduría no ha sido mi fuerte.
Carente de posibilidades ante un destino despiadado, he estado a la merced de mis locuras alcanzando el limite de la cordura. He llegado a la frontera entre lo que soy y lo que nunca quise ser, esa fina linea que separa la vida y la muerte. El limite.
Fue necesario entonces, caer, para poder levantarme. Fue imprescindible.
Caí y me lastime. Lastime a otros.
Nunca volví a ser el mismo.
Sé que nunca volvere a serlo.
Perdí algo en el camino y no se que es.
Supongo que todos perdemos algo alguna vez, la vida se trata de perder y de encontrar y por más que no nos guste, a pesar de que cueste hay que improvisar, porque nadie nos enseña a vivir, nadie nos enseña a sentir y es muy dificil por momentos tomar decisiones.
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